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martes, 30 de diciembre de 2014

Poemas, de Mery Dilon, Nueva Edición Encendida


A modo de prefacio
¿Será verdad que solo venimos a soñar, como augura el exergo del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, precediendo  el libro “Poemas” de Mery Dilon? 
Calderón decía que la vida es sueño, a través de Segismundo y su monologo inolvidable. También Shakespeare evocaba, en algunas magnificas estrofas de Hamlet, al portentoso arte de soñar. Muchos han sido los poetas que han invocado este poder como una suerte de  clave onírica permitiéndoles  acceder a los jardines secretos del universo, guiados por la imaginación y el lenguaje.  Como fuera, no ha sido en sueño este encuentro que vivimos Mery Dilon y yo. Nuestro camino fue –y es- recorrer poetas universales a lo largo de varios  meses.
De sus poemas aprendí y aprendo, la delicada construcción de la genealogía, la historia que nos marca con su brújula indicando un lugar de origen  y desde allí iniciar un recorrido. A veces es doloroso evocar, excavar profundo y llegar a un escenario estremecido por la guerra. Sin embargo, un árbol se quedó inscripto en la memoria y aunque pasaron años,  Mery lo guardó plegado a sus recuerdos, y en Vilna –Lituania- pudo encontrar aquel árbol del cual su madre, Mina, mucho le dijo.
Lentamente Mery  nos adentra  por el bosque, lugar que, me atrevería a decir,  es el suyo por excelencia, y desde él,  recogiendo piedras, acariciándolas, nos pasea por este poemario que tuve la suerte de acompañar, de asistir a su alumbramiento.  Mery interroga, cuestiona, ama, vibra con los elementos que constituyen el universo. Es, a su manera, una enamorada del muro. Pero ¿quién es el muro para ella? El mundo al cual le habla de igual a igual, a cada poeta que fue interrogando, cuestionando. Creando una oda o canto a los elementos, conversando con su madre, como si ella estuviera siempre en los jazmines que la rodea. No hay distancia, quedan abolidas, y a través de los poemas podemos pasar de Paraná a Lituania en la desolada evocación del Holocausto; de la infancia al amor que marca misteriosamente;  del bosque a una mirada atenta.
Como si en cada poema pudiéramos escuchar la voz de Cardenal susurrándole: …y decirle a la razón que hay algo más, mucho más, indefinible, maravilloso.

Vivian Lofiego

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